Dra. Juana María Vicario Bermúdez. Médico Esp. en Medicina Interna.

Dra. Juana María Vicario Bermúdez. Médico Esp. en Medicina Interna.

El tratamiento de la hipertensión tiene dos pilares esenciales que se complementan; uno lo forman las medidas no farmacológicas y otro, el tratamiento farmacológico, la conjunción de ambos conducirá al control óptimo tensional. El tratamiento no farmacológico de la hipertensión arterial se basa en unas recomendaciones sobre el estilo de vida del paciente que inciden directamente en su dieta y hábitos, por lo que reciben el nombre de medidas higiénico-dietéticas.

Estas medidas son muy importantes ya que con su cumplimiento, se consigue el control tensional de un gran número de pacientes hipertensos sin necesidad de iniciar tratamiento farmacológico. Estas medidas serían las siguientes:

  • La reducción del peso mediante la restricción calórica es una medida apropiada para la mayoría de pacientes hipertensos, dado que el sobrepeso es muy prevalente en la hipertensión arterial y predispone al incremento de la presión arterial; a su vez disminuye las necesidades de medicación antihipertensiva en los hipertensos bajo tratamiento farmacológico y tiene un efecto favorable sobre los factores de riesgo cardiovascular asociados. El efecto antihipertensivo de la reducción de peso aumenta cuando se asocia de forma simultánea a un aumento de la actividad física, a una moderación del consumo de alcohol en bebedores intensos y a una restricción en el consumo de sal. Se recomienda un aumento del consumo de frutas y verduras así como reducción del consumo de grasa total y saturada.
  • Reducción del consumo de sal. El consumo excesivo de sal se asocia igualmente con una mayor mortalidad cardiovascular. La restricción en el consumo de sal previene la aparición de hipertensión arterial en sujetos obesos normotensos, y reduce las cifras de presión arterial en pacientes hipertensos. Dicha reducción tensional es más intensa en los pacientes de edad avanzada e hipertensos graves. Se aconseja una reducción del consumo de sal por debajo de los 5 g/día. Dicha reducción se logra evitando alimentos con elevado contenido en sal, disminuyendo la adición de sal en la cocción de los alimentos y eliminando la sal de la mesa.
  • Reducción del consumo de alcohol. Existe una correlación directa entre el consumo de alcohol, las cifras de presión y la prevalencia de hipertensión. La incidencia de HTA se incrementa con dosis de etanol a partir de 210 g/semana (30 g/día) en los hombres y a partir de 140 g/semana (20 g/día) en las mujeres. Además el consumo compulsivo se asocia con la mortalidad por ictus.
  • Aumento de la actividad física. La cantidad y el tipo de ejercicio deben individualizarse para cada paciente, teniendo en cuenta la edad y el entrenamiento previo. Todas las prácticas deportivas aeróbicas son recomendables. El mínimo exigido se estima en caminar a paso vivo durante 30-45 minutos, al menos 5 días a la semana.
  • Abandono del tabaco. Su abandono es la medida más eficaz en la prevención de las enfermedades tanto cardiovasculares como no cardiovasculares en los pacientes hipertensos. El abandono del mismo antes de los 40-50 años tienen una expectativa de vida similar a los no fumadores.

Dra. Juana María Vicario Bermúdez. Médico Esp. en Medicina Interna.